La leyenda de los que destruyeron el infierno

Yacía sobre un lecho de niños muertos el maldito. Unos hombres de faz espantosa y vestidos con harapos los iban reponiendo según se pudrían los inocentes. El hedor de aquella sala era repugnante ahí debajo del mundo. Frente al maligno unas viejas infectas se masturbaban introduciendo restos humanos en sus asquerosas vaginas.

Se agachó para recoger una margarita; de entre todas la más hermosa para dársela a su amada. El sol calentaba sin agobio, como el abrazo de una madre que adora a su retoño. Y la brisa era dulce y perfumada y se deshacía en caricias a los enomorados. La muchacha cogió la flor con su blanca mano y él soltó un “te quiero” que quedó impregnado en la materia.

Miles de personas sufrían encadenadas los más brutales tormentos mientras el maldito sonreía. Unos gigantes de inmenso pene sodomizaban a unos desgraciados obligados a estar con las rodillas y manos sobre brasas. Las embestidas de las criaturas a veces partían en dos a los mortificados. De repente todo se detuvo un instante, tan solo un instante. Como si hubiera venido un viento de esperanza y luego volvió el horror de inmediato.

Ella clavo sus ojos en los de él mordiendo coquetamente su labio inferior. El la agarró por la cintura y la trajo hacía si fundiendo sus cuerpos en un uno; sintiendo cada uno con su cuerpo el cuerpo del otro sin dejar de mirarse con expresión extasiada. Ella le dijo “Te quiero” y el la tomó por las muñecas y le sujetó los brazos por detrás de la espalda con fuerza, haciéndola prisionera de su deseo.

Abrían las bocas de algunos desdichados y vomitaban en ellas mientras algo parecido a humanos verdes los abrían en canal y pisaban sus tripas. Una mujer morena era devorada por una descomunal serpiente que por escamas tenía ojos. Y una vez más por un momento volvió el viento de esperanza, pero ahora traía el aroma de las flores que duró un segundo tal vez. La serpiente expulso por su ano a la mujer desollada y aún viva entre gritos horrorosos.

Ella forcejeó intensamente esperando que él no la dejará escapar; su boca entreabierta y su mirada perdida abrían su alma al deseo carnal. El notaba ya su pene dispuesto y con el tamaño máximo que la naturaleza le otorgaba y la tumbó suavemente sobre la hierba verde, sobre toda la primavera. Encima de ella él la besó, ella le besó, se besaron jugando con sus lenguas y perdiendo sus manos entre los cabellos del contrario. Su vagina era una fuente de deseo. Sin quererlo ambos se dijeron a la vez “Te quiero”.

El maligno se entretenía sacando los ojos de los cadáveres de los niños amontonados bajo él y tirándoselos a los torturados. Un hombre desnudo levantó un hacha negra con intención de trocear a un anciano atado con cuerdas impregnadas en acido. De súbito pegó un respingo y el hacha se le cayó de las manos. Todas las criaturas se quedaron quietas, pararon todos los tormentos y una brisa fresca atravesó el infierno entero dando alivio a las gentes.

Como una flecha embravecida él la penetro hasta el fondo bajo el sol del mediodía. Ella se dejó hacer abrazada a él gimiendo de forma suave y sutil. El ritmo aumentó con el deseo y el ansia. Ella lo obligo a parar con bastante esfuerzo y luego se encaramó sobre el como una amazona poderosa controlando la velocidad y la fuerza con la que se introducía el pene de su amante.

El infierno comenzó a resquebrajarse y por las pequeñas grietas trataban de huir humanos mutilados y enfermos.

Sobre la grupa de su amante y estimulando el clítoris con la mano el éxtasis llegaba como una manada salvaje de caballos que trotan hacía el infinito.

El maldito cayó de su lecho y las criaturas del averno corrían despavoridas en busca de refugio mientras los techos se comenzaban a derrumbar.

Un chorro de esperma dentro de su amada y las convulsiones de la joven confirmaron que el amor estaba hecho.

Las gentes allí cautivas salían por millones por cada hueco y hendidura de aquel monstruoso lugar.

Abrazados y empapados de sudor otros “te quiero” en silencios, sin palabras.

El demonio cayó muerto de cubito prono como un muñeco despreciado por un niño.

4 Responses to "La leyenda de los que destruyeron el infierno"

Mar dijo... 4:12 p. m.

Me descubro ante usted sr. Juan!
Realmente impresionante, excitante, enternecedor...uffffff
Y el amor triunfó!
Si alguna vez desea hacer alguna contribución a mi página, ya sabe como ponerse en contacto.
Un saludo

Manuel dijo... 4:03 a. m.

Por una vez en la vida, a sabiendas de que no soy especial fan de la sangre, vísceras y desgracias varias que tanto aparecen en tus relatos, y sin que sirva de precedente, me ha encantado el relato.
Sí señor.

Don Vitorio dijo... 3:11 p. m.

En el fondo sabes que poniendo todas esas guarrerias subirá el page rank.

Mancantau

Juan dijo... 8:39 a. m.

Mar lo que has dicho tiene mucho valor para mi ya que sé que te gusta escribir y además lo haces muy bien.

Don Vito como me conoces cabrón!!!

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