Pedrito Tortosa

Pedrito Tortosa era un cabrón. Posiblemente uno de los niños más hijo de puta que jamás he llegado a conocer. Y me di cuenta cuando descubrí uno de sus pasatiempos preferidos; que por bizarro, escatológico y perverso turbó mi espíritu de manera indescriptible. Os relato a continuación el terrible suceso que me llevo a juzgar al tal Pedrito en los términos antes expresados.
Hallábame yo descansando en mi mecedora favorita en el salón principal de nuestra finca asturiana. Estaba placidamente sumido en mis pensamientos en una semi tiniebla provocada por una ventana a la cual yo había cerrado la persiana, para evitar que entrara el calor de aquella tarde de verano. En esto que veo entrar a Pedrito con un mefistofélico rictus que a Atila mismo hubiera espantado, mirando fijamente al gigantesco sofá verde que tengo a bien colocar en medio del salón frente a la chimenea. Allí se tumbó el diablillo (por no llamarlo cabrón otra vez) y se puso, al parecer, a echar una siesta. No reparó en mi presencia por que como digo; yo reposaba en una parte del salón que estaba bastante oscura, mientras que él ocupó la parte más luminosa debido la luz que entraba por otras dos ventanas que estaban abiertas y con sus respectivas persianas subidas.
No le di demasiada importancia ya que pensé que el maldito bastardo se quedaría inmóvil y silencioso en los brazos de Morfeo. Evidentemente no fui capaz de sospechar las intenciones del muchacho. Al cabo de cinco o seis minutos escucho como alguien baja las escaleras que conducen a los dormitorios y veo que el rapaz levanta su cabezón dando claras muestras de que el también los había escuchado. Repentinamente dejó caer a plomo el yunque que tiene por cabeza y fingió unos pequeños ronquidos. Yo no entendía por que de manera tan súbita se había hecho el dormido pero sabía que no había bien alguno en aquella acción. El caso es que entra en el salón mi madre (que es a su vez la abuela de la infecta criatura que finge dormir en mi sofá) y ve como el pequeño Pedrito, de cubito prono, con expresión angelical duerme tranquilamente. Como buena abuela, conmovida por tan tierna visión se acerca al niño para procurarle unas caricias.
Al tercer o cuarto cariño; va el Pedrito y se manda un cuesco tal, que le tuvieron que vibrar las nalgas durante diez minutos. Mi madre pegó un respingo y se apartó unos metros del chaval con aires de indignación. En un primer momento pensé que le soltaría un bofetón de espanto pero debió de juzgar que el niño presa del sueño no se había tirado el pedo a propósito. Sin embargo cuando aquella rata humana que tengo por sobrino calculó que la abuela estaba lejos estalló en carcajadas demoníacas. Que niño tan cabrón.

2 Responses to "Pedrito Tortosa"

kele dijo... 8:51 p. m.

fucking farter!

Don Vitorio dijo... 8:59 p. m.

Hay que ver que hijo de puta el Pedrito.

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