Cuento

Salió de palacio a lomos de un corcel negro llamado Brisa; sin duda alguna el animal más hermoso que jamás hubiera existido. Y esta montura era la única digna de Fátima, princesa del desierto y mujer divina para algunos y algunas. Era tan hermosa que mirarla sin sentir desmayo era imposible. Cabalgaba hacía las dunas de media noche; llamadas así por ser un lugar perfecto para la observación del firmamento. Quería llorar bajo la luna para que sus lagrimas brillaran tan fuertes como las estrellas ya que su llanto era de felicidad. Al día siguiente iba a casarse con Hassan su amado príncipe. Brisa cabalgaba veloz por la arena espoleado por Fátima que con femenina firmeza se aferraba a las crines del caballo. Su larga melena negra fluctuaba en el aire como un mar azabache lleno de brillos cromados y en sus grandes ojos verdes podían verse todos los colores del desierto nocturno. Pero hete aquí que el equino se rompió una pata contra una roca y la princesa cayó a la arena con la suerte en contra. Fue caer sobre un escorpión que le inyecto su veneno causándole la muerte.
Esa misma noche al ver que Fátima se demoraba Hassan partió en su busca con el corazón lleno de preocupación; y fue a encontrarla muerta con el rostro hacía la luna y el cuerpo encogido. Sintió mil dagas contra su pecho y alzó un gritó al cielo tal que aún su voz desgarrada fue escuchada más allá del estrecho y dicen que en Tarifa las gentes salieron a llorar a los balcones inundados de una tristeza infinita.
Se dolía el príncipe desconsolado cuando una oscura figura surgió de entre las dunas y dijo –“Basta”- y de súbito hassan ya no sintió nada. Todo el dolor por su amor perdido se había esfumado como la niebla de la mañana. La figura habló y esto dijo: “Te he robado tu dolor Hassan en venganza por las humillaciones a las que me has sometido y ahora deberás vivir sin sentir nada por la más hermosa de las princesas que una reina ha parido”. Dicho esto desapareció.
Hassan se retiró de la vida publica y habitó en los montes Atlas tratando de recuperar la pena robada. El malvado mago Abdel al que había expulsado del reino por traidor nunca más volvió a aparecer dejándolo maldito. Pasaron los años y el príncipe no era capaz de sentir nada y pensaba ya que moriría con el pecho helado. Pero una tarde de verano cuando el sol era teñido de rojo por el transcurrir de las horas Hassan reparó en una flor de pétalos verdes que le recordaron los ojos de Fátima. La arrancó delicadamente y acercó su nariz y notó un aroma intenso, delicioso, divino. Olía exactamente como la piel de su amada. Y cuanto más la apretaba contra si más fuerte era la fragancia y más verdes sus pétalos y más fuerte el latir de su corazón. Y llegó a un punto que comenzó a sentir una pena extraordinaria, un dolor agudo y punzante en el corazón y un torrente de recuerdos. Se puso en pie y miró al cielo con la tristeza más brutal que un hombre sintiera en la historia de la humanidad y de sus labios brotaron sin timidez todas las letras de aquel nombre divino; Fátima. Y volvieron a brotar con más fuerza y otra vez y más alto y por ultimo gritó; Fátima, con el ímpetu de un león y cayó fulminado al suelo. Si preguntas a los nativos de aquellos montes te dirán que algunas noches si prestas atención junto con el viento oirás un grito que dice: Fátima.

3 Responses to "Cuento"

kele dijo... 6:25 p. m.

lo conseguiste! ninguno de tus personajes se ha tirado un pedo

Juan dijo... 6:44 p. m.

JAJAJAJAJAJAJJAJJAAJAJAAJAJAJAAJAJAJA no sabes lo que costó!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Manuel dijo... 8:51 p. m.

Muy chulo, Juan. Me ha gustado

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