Nueve metros de soga

Encaramado a un árbol en su rama más alta el joven Agustín intenta suicidarse. Para ello se ha atado una soga al cuello por un extremo y por el otro a la rama del enorme roble. La soga mide nueve metros así que el decidido Agustín está seguro de que con el peso de su cuerpo y los metros de caída romperá su cuello y apenas se dará cuenta.
Pero antes de saltar debe dejar bien claro el motivo por el que se arrebata la vida y saca una navaja de un palmo del bolsillo para (no sin cierto trabajo) dejar una vistosa cicatriz en el tronco del roble que pone “Beatriz te quiero”. Hecho esto, Agustín el osado, se da cuenta de que ya está todo preparado. Su cuerpo penderá de la soga inerte, tal vez mecido por el viento, con su traje de domingo y el espectacular paisaje de la pradera gallega como romántico marco. Echa un vistazo a su alrededor y se pone de pie en la rama apoyándose con los brazos en el tronco. En este momento lo único que hay en su cabeza es la imagen de Beatriz caminando hacía el roble. Una Beatriz que hunde sus manos en su preciosa melena negra y que lleva en sus ojos del color de la castaña cuanta pena pueda sufrir una mujer. Se la imagina derrumbándose, gritando de desesperación con enormes lagrimas saltando desde sus mejillas y suplicando que no se maté. Agustín sabe que Beatriz va a pasar por ahí en cualquier momento camino de su casa y también sabe que por mucho que le implore, va a saltar y va morir por ella. Al cabo de unos minutos la silueta perfecta de la muchacha aparece por entre las hierbas altas y se aproxima despreocupada al árbol donde a buen seguro le espera una sorpresa espantosa. Una vez debajo la hermosa joven escucha; -Beatriz-. Y levanta el rostro de belleza infinita y ve a Agustín con expresión altiva subido al árbol con una soga al cuello. Beatriz lo mira, pone los brazos en jarra enmarcando una cadera que haría enloquecer a un dios y le espeta; -¡Baja de ahí ahora mismo gilipollas!- y prosigue su camino. Agustín se quita la soga del cuello y baja. Se mete las manos en los bolsillos y toma el camino contrario al objeto de su amor.

3 Responses to "Nueve metros de soga"

Don Vitorio dijo... 3:56 p. m.

Me recuerda a algo que hablamos el finde, entre margarita y margarita (con minúsculas ¿eh?)

Juan dijo... 5:28 p. m.

Oxtias!!! no recuerdo; refrescame Don Vito

Don Vitorio dijo... 3:42 p. m.

Lo de mi superpoderes...

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