-¿Qué pasa con las cosas que no pasan?- Se preguntaba Yuri en su laboratorio. -¿Acaso no es posible que esta dimensión la cual consideramos real se desdoble cada vez que algo que debería ocurrir no ocurriese? ¿Y no es posible que al desdoblarse se creasen dos dimensiones paralelas; una en la que no ocurre y otra en la que si?-. De ser así en algún punto del universo habrían sucedido, estarían sucediendo y sucederán todos aquellos acontecimientos que no llegaron a suceder en el plano de existencia en el que habitaba Yuri. Pero esto hacía que se hiciera otras preguntas. -¿Cuál es la dimensión verdadera? ¿Vivo yo en la original, la primigenia; o estoy viviendo una realidad desdoblada?- Yuri pensó que si esto era cierto habría miles de millones de universos paralelos que desde el universo original habrían surgido en miles de millones de ramificaciones cada vez que un suceso que irremediablemente tuviera que ocurrir no lo hiciera. Pero Yuri no pensaba que toda esta teoría girara alrededor del ser humano. Podría desdoblarse y ramificarse el universo también por cualquier motivo que no era capaz de imaginar. Siguiendo esta lógica su perro Norman estaría vivo aún en una ramificación de su dimensión puesto que el veterinario que le administro la anestesia dijo que le aplicó la dosis correcta y que debería de haber despertado una hora más tarde. Pero eso no pasó. El perro murió y no pudo darse explicación alguna. Pero lo que más le preocupaba a Yuri es lo que no pasó una tarde de verano. Es por eso que mientras mezclaba unos fluidos anaranjados en una probeta, pensaba si era verdaderamente feliz el Yuri que ahora habita en una ramificación de la realidad que le había sido negada al Yuri que trabajaba en el laboratorio en aquel momento.
De otras dimensiones...
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Comentarios (5) | 12:46 p. m. |
WHERE ARE YOU FERNANDO?
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Es posible que Fernando Acosta hubiera muerto solo de no haber puesto en un chat de internet estas magnificas palabras:
“Soy tan extraño que para quererme es necesario no haber querido nunca”
Pero semejante afirmación llamó la atención de una jovencita que de haber amado lo hizo de un modo que o bien se podía mejorar o bien plegó el tiempo hasta hacer que no lo hubiera hecho nunca; con lo que Fernando consiguió modificar la trayectoria que la vida le deparaba.
Ya no sé donde está Fernando Acosta; pero algo me dice que no está solo.
Comentarios (9) | 11:36 a. m. |
Inesperado
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Como todas las mañanas, Germán, bajó las escaleras medio dormido para tomarse un café en la cocina. Nada hacía presagiar que aquella mañana fría y extrañamente luminosa de marzo fuera distinta a las demás. Y no podía ser distinta a las demás porque Germán siempre se comportaba exactamente igual. Si uno cronometrase sus movimientos matutinos desde que se despierta hasta que sale por la puerta para ir a trabajar comprobaría que el tipo es de una precisión robótica. Pero aquella mañana la puerta de la casa no se abrió a las 7:14 como sucedía todos los días de lunes a viernes. El motivo era aparentemente sencillo aunque terrible. Germán encontró un cadáver en su cocina. Un hombre grande y rechoncho completamente vestido de negro y con la cara tapada yacía en su cocina junto a una bolsa de deporte enorme; llena de cosas que evidentemente no eran suyas. Germán nunca había visto a un hombre muerto y tampoco había permanecido en su casa a las 7: 32 en un día laboral. Ambas cosas le resultaban perturbadoras. Llamó a la policía y a las 7:48 se presentaron un par de detectives con aire incrédulo. A las 8:02 tenía frente a su casa una ambulancia, cuatro coches patrulla, una furgoneta de los técnicos forenses y a medio centenar de vecinos demostrando que los adultos en pijama pierden cualquier atisbo de respeto.
-Un fallo cardiaco- dijo el médico forense
-Es la pinta que tiene- confirmó uno de los detectives.
Germán ofreció café a las personas que se encontraban trabajando en el interior de su cocina; entre ellas a la agente Margarita Torres, una atractiva mujer morena de 42 años. Desde ese día la puerta de su casa no se volvió abrir a las 7:14 de lunes a viernes. Unos días la puerta se abría a las 7: 10, otros a las 7:18, incluso un día se abrió a las 7:59.
Comentarios (4) | 12:02 p. m. |
No me digas que fue un sueño.
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Y me desperté con tantos pelos en la boca que empecé a dudar de que aquello fuese amor…
Comentarios (8) | 5:03 p. m. |
Ya ves tu...
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Te soñé despierto
y ahora dormido
sueño que te olvido.
Comentarios (2) | 3:55 a. m. |
Los hijos de los hijos
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Solo dio dos pasos. Los dio mirando al sol cuando se pone rojo cromado. Ese rojo que parece mercurio teñido de sangre. Los pasos fueron firmes, fuertes, yo diría que feroces. Luego se dio la vuelta. Sobre su cabeza y tras su espalda se veían nubes encarnadas y haces de luz solar metálicos. Parecía un semi dios. Un semi dios a punto de descargar su cólera. La espesa vegetación selvática en mil y un verdes saturaba la escena de color. El indio que debía matarlo vaciló cuando parte del sol se desparramó por la coraza de acero del español. Los otro cuatro indígenas que lo acompañaban retrocedieron varios metros. El castellano en su frenética huida había perdido sus armas. Los indios llevaban unos robustos palos de madera. Pudieran parecer armas poco efectivas pero Alonso Álvarez había visto como eran capaces de destrozar una cabeza hasta dejar el cráneo hecho una masa fina e informe en un estrépito cromático de lo más variopinto. Los indios dudaron hasta que el sonido mágico de dos arcabuces disparados desde la playa les hicieron desaparecer en la frondosidad de la selva. Alonso Álvarez volvió a la playa. Agradeció a los dos vascongados que sonreían en la arena con sus arcabuces humeando, el servicio prestado. Luego se unió a la soldadesca que comía y bebía. A pesar de haber estado a punto de morir no perdió el apetito ni las ganas de tinto.
En aquel continente pasó Alonso el resto de su vida. Mató a muchos indios; no a todos en batallas y a algún español en alguna de las numerosas riñas que se producían por malentendidos en los naipes. También abusó de numerosas indias a las que dejó vivir a casi todas; dejando entre aquellas gentes hijos suyos. Cuando juntó el oro suficiente se fue al norte a algún lugar de lo que hoy es Méjico. Allí se casó con una gallega blanca y hermosa recién llegada de Pontevedra de nombre Luisa. Tuvieron once hijos de los que seis llegaron a edad adulta. A su vez los hijos de Alonso y Luisa también tuvieron hijos y también estos y así sucesivamente hasta llegar a Carlos José Álvarez Ruiz; que en 2008 toma unas cervezas con unos amigos en un bar de México D.F. Dos turistas españoles entran al mismo bar. Al notar su acento Carlos José Álvarez Ruiz con los ojos de odio hasta la lagrima les echa la culpa de todos los males de su país. Les acusa de haber saqueado todo el oro de México, de haber exterminado una cultura, de pertenecer a un pueblo bárbaro y genocida. Si bien es ridículo culpar a unos individuos de lo que hubiera hecho el ejercito de su país en el S.XV lo es más el hecho de que Carlos José Álvarez Ruiz es descendiente directo de Alonso Álvarez.
Comentarios (3) | 7:57 a. m. |
Cosas que pasan.
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Con un ramo de flores en la mano, una sincera sonrisa, un esmerado aseo y unas gotas de perfume que usaba por primera vez en su vida, Esteban Castro de 41 años, enfrentaba la calle Alberto Aguilera con el corazón a punto de la implosión. Llevaba una americana azul próxima a pasar de moda prestada por Toñin y una camisa blanca que le había planchado su madre y que era la que usaba cuando buscaba trabajo. Unos vaqueros azules y unos zapatos estilo inglés que compró hace cinco años para la boda de su mejor amigo completaban su vestuario. Suerte tuvo de encontrarse con su prima en Ascao antes de entrar al metro y de que esta le dijese que se cambiase los calcetines blancos que llevaba, por otros negros. ¿Por qué llevaba flores Esteban, por que se había perfumado y por que se había preocupado en su vestir?
Lo hacía por Tatiana Martínez de Luján de 34 años, medico, rica e increíblemente hermosa. Esteban la conoció la semana pasada en la sierra madrileña. Ella se tropezó cerca de la Pedriza y se hizo un esguince. El hombre que la acompañaba no tuvo la fuerza suficiente para cargar con ella hasta el coche y Esteban se ofreció para hacerlo. Lo hizo por que además ser un hombre fuerte, también era un hombre bueno. Aunque Tatiana hubiese sido fea, él la hubiera cogido en brazos y la hubiera llevado hasta el coche aunque este estuviese a mil kilómetros. Pero Tatiana no era fea y Esteban no era ciego. Cuando la cogió en brazos la miró a los ojos y notó un dolor en el pecho, un latigazo eléctrico y perturbador. También notó como la melena negra y larga de Tatiana se desparramaba por su brazo en suavísimas caricias y se vio presa del dulce olor que emanaba del menudo y adorable cuerpo que portaba.
Cuando la dejó en el coche ella le dio su número de teléfono. Esteban la llamó y al día siguiente fue al hospital a visitarla. Hablaron y se miraron mucho. A Esteban le gustaba su belleza, su forma de hablar con esa dicción tan perfecta, las cosas de las que hablaba, el marrón de sus ojos. A Tatiana le gustaba lo masculino que era Esteban, su fuerza, su seguridad, su bondad. Era fácil ver que Esteban era un hombre bueno y sincero, sin lados oscuros en su personalidad. Tal vez Tatiana vio en aquel hombre un padre y un compañero perfecto. El caso es que quedaron para cenar. Tatiana quería invitarlo para agradecer su acción y por eso Esteban caminaba por Alberto Aguilera dirección a Princesa con un ramo de flores en la mano.
Estaba muy nervioso, no cabía en si de orgullo, una mujer como Tatiana se había fijado en un tipo que trabajaba descargando camiones. Iba con su ramo de rosas rojas demasiado ensimismado, demasiado preocupado por la impresión que le daría a Tatiana. A Esteban lo atropelló un cuatro por cuatro enorme a escasos metros del Corte Inglés. Murió en el acto. Tatiana lo vio todo. Uno podría pensar que es injusto y buscar alguna explicación para una tragedia tan espantosa. Pero no es injusto, tampoco justo y ninguna fuerza invisible intervino para que esto sucediera. Todo sigue, los relojes no se paran, el viento no desaparece, ni las noches ni los días. Las cosas pasan sin un plan preestablecido, simplemente pasan.
Comentarios (1) | 9:17 a. m. |
GRACIAS DON PEDRO
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
A veces sueño que retorno a los verdes prados donde fui feliz, más allá de la tormenta. Y me siento en la hierba alta y me hundo en el horizonte y siento el mundo de una manera distinta. La brisa solo huele a flor y a tierra negra. El cielo solo es azul y blanco en esponjosos jirones. La vida es solo vida sin el hedor perenne de la muerte. O tal vez en ese prado la muerte también huele a flor y a tierra negra. El caso es que vuelvo a esa pradera cuando sueño y la busco cuando estoy despierto.
Creo que ahora entiendo don Pedro cuando pusiste en boca de Segismundo estos famosos versos; “que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”
Comentarios (2) | 7:01 p. m. |
TERROR EN IBERIA CAPITULO II
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos, Terror en Iberia
A mucha distancia de allí.
El Conde de Salazar con aristocrático escorzo se atusa la barba con dedos finos y mimados por su propia condición. De figura estilizada y estatura grande el conde parece un coloso remilgado que piensa.
-Esto que me cuentas querido Julián me resulta del todo increíble y conste que no te estoy llamando mentiroso. Pero antes de pensar que un ente fantasmal ha devorado todos mis caballos prefiero olvidarlo todo y comprar unos nuevos. ¿Quién ha visto a esa supuesta criatura o lo que demonios quiera que sea?-
-¡Todos!-
-¿Quiénes son todos Julián; Todos los trabajadores de mi finca, todo el pueblo, el planeta entero?-
- Yo la he visto… yo he visto a esa sombra abyecta arrastrase por el suelo y luego erguirse como…como… un demonio asqueroso-
- Y dime Julián querido; ¿No habrás visto a mi mujer en alguno de sus ataques dipsomaniacos?-
-¡Por Dios se lo pido, no bromee!-
-Esta bien, está bien Julián… le diré lo que vamos a hacer; voy a salir con usted a ver ese destrozo del que me habla y luego iremos a denunciar esto a la policía. ¿Le parece bien?-
-Si señor-
El conde se levantó con cierto esfuerzo impuesto por la edad aunque de forma elegante como hacen los de su cuna. Junto a Julián atravesó el salón; rectángulo enorme de gruesa piedra vestido de rojo en multitud de tapices que contaban historias de batallas pretéritas. Caminaba el aristocrático Salazar como un bailarín que supiera empuñar una espada, grácil e imponente.
-Encended la chimenea quiero que esto este caliente a mi regreso- dijo el señor Conde a quien estuviera escuchando pero sin volver la faz.
Y así salieron a la tierra que era suya, donde cabrían miles de familias pero era solo suya. Campo de castilla privado en tonos amarillos y verdes. No habían caminado ni diez minutos cuando encontraron la pata de un caballo al pie de unos arbustos, y al atravesar estos vieron cientos de bultos carnosos esparcidos por doquier. Alguna cabeza de caballo era fácilmente perceptible pero por lo general lo que allí se veía era carne despedazada y sangre seca.
-¡Dios mío de mi vida Julián!- Exclamó el conde perdiendo la rectitud de una espalda derecha a golpes.
-Ya se lo dije señor-
Comentarios (0) | 7:10 p. m. |
TERROR EN IBERIA
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos, Terror en Iberia
Capitulo I
Una silueta opaca casi invisible y espeluznante parpadea bajo la plata que es la luna cuando es de muerte; puta sombra infecta que busca sangre tras la ventana.
-¡Cierra la puerta cojones que pareces idiota!-
Se arrastra y repta como sierpe mal parida y luego se yergue descomunal esparciendo un hedor que parece surgido de las entrañas del infierno. Esta al acecho y necesita las vísceras que son sustento repugnante de su existencia. Esta furiosa la hija de puta y silba con aguda melodía una tonada asquerosa que repele al más pintado.
-¡Me cago en dios Fernando trae la escopeta ya!-
-Joder la estoy buscando papá pero no sé donde coño la pusiste-
-Pues a morir tocan hijo mió-
-Aquí se va a morir su puta madre por que yo paso-
Golpea la puerta con una ferocidad inhumana y a cada golpe lluvia de astillas que se croman bajo la luna homicida.
Pum chillido aterrador
Pum y la puerta cede
Pum y la puerta cede más
Pum, pum, pum, y la puerta destrozada se proyecta con violencia dentro de la casa.
Antropomórfica bestia que en bípedo equilibrio entra veloz y caóticamente profiriendo blasfemias en perfecto castellano. El padre se jiña y aprieta sus puños contra su vientre dolorido.
-¡La encontré la tengo Papá-
Tarde. La cabeza de Papá pasa a dos centímetros de Fernando como un cometa embravecido. Intestinos y tripas se esparcen sin control bajo fauces y garras y aquello que fuera hombre es ahora un desorden de entrañas. Fernando dispara a quema ropa plomo por un tubo, plomo para la bestia y para lo que fue papá, plomo para salvar su vida, plomo para matar. Y la sombra de la noche, la tiniebla infecta que cobró vida por repugnantes sortilegios cae abatida por Fernando.
-¡Muere hijaputa! ¡Púdrete en el infierno!-
Lagrimas azules como cristales de hielo llenan los ojos de Fernando de un brillo divino que se arrodilla ante un altar de sangre por nadie concebido. Y es en ese momento cuando el dolor se esta rearmando para volver con sus hordas de miseria en que Fernando puede preguntarse; -¿Que coño esta pasando?-
Comentarios (2) | 11:52 a. m. |
Nueve metros de soga
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Encaramado a un árbol en su rama más alta el joven Agustín intenta suicidarse. Para ello se ha atado una soga al cuello por un extremo y por el otro a la rama del enorme roble. La soga mide nueve metros así que el decidido Agustín está seguro de que con el peso de su cuerpo y los metros de caída romperá su cuello y apenas se dará cuenta.
Pero antes de saltar debe dejar bien claro el motivo por el que se arrebata la vida y saca una navaja de un palmo del bolsillo para (no sin cierto trabajo) dejar una vistosa cicatriz en el tronco del roble que pone “Beatriz te quiero”. Hecho esto, Agustín el osado, se da cuenta de que ya está todo preparado. Su cuerpo penderá de la soga inerte, tal vez mecido por el viento, con su traje de domingo y el espectacular paisaje de la pradera gallega como romántico marco. Echa un vistazo a su alrededor y se pone de pie en la rama apoyándose con los brazos en el tronco. En este momento lo único que hay en su cabeza es la imagen de Beatriz caminando hacía el roble. Una Beatriz que hunde sus manos en su preciosa melena negra y que lleva en sus ojos del color de la castaña cuanta pena pueda sufrir una mujer. Se la imagina derrumbándose, gritando de desesperación con enormes lagrimas saltando desde sus mejillas y suplicando que no se maté. Agustín sabe que Beatriz va a pasar por ahí en cualquier momento camino de su casa y también sabe que por mucho que le implore, va a saltar y va morir por ella. Al cabo de unos minutos la silueta perfecta de la muchacha aparece por entre las hierbas altas y se aproxima despreocupada al árbol donde a buen seguro le espera una sorpresa espantosa. Una vez debajo la hermosa joven escucha; -Beatriz-. Y levanta el rostro de belleza infinita y ve a Agustín con expresión altiva subido al árbol con una soga al cuello. Beatriz lo mira, pone los brazos en jarra enmarcando una cadera que haría enloquecer a un dios y le espeta; -¡Baja de ahí ahora mismo gilipollas!- y prosigue su camino. Agustín se quita la soga del cuello y baja. Se mete las manos en los bolsillos y toma el camino contrario al objeto de su amor.
Comentarios (3) | 10:59 a. m. |
La sombra
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Por mucho que tratara de evitarlo Gumersindo siempre producía una sombra extraña. No es que fuera una sombra completamente diferente a la que de forma natural debería proyectar pero no era exactamente la que uno esperaría. “En esa sombra hay algo que definitivamente no concuerda. No se decir que es, ni señalar aquello que no encaja. Pero el observador nota cierto sobrecogimiento ante la visión de la misma” dijo una vez un médico que acudió al conocer el caso.
Gumersindo es por tanto un hombre común que vive, sin llegar a ser marginado, como su propia sombra, uno podría pensar que recibe el mismo trato que el resto pero aún sin poder decir en que modo recibe un trato distinto; lo recibe. Así que un día el hombre de sombra extraña se descerrajó un tiro con una escopeta conejera en la plaza del pueblo. No se sabe si se mató harto de su sombra, harto de ser tratado de manera diferente o bien su destino estaba escrito por estar maldito. El caso es que según cuentan los que lo vieron, cuando fueron a retirar el cuerpo de Gumersindo que se encontraba en el suelo de cúbito prono; su sombra estaba en pie.
Comentarios (2) | 4:45 p. m. |
Eloisa, un pedo y tía Marta
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Jamás imaginó el pobre Guzmán que la dulce y delicada Eloisa pudiera generar semejante caos en un abrir y cerrar de nalgas. Y es que una vez escuchado el estruendo (descrito como el sonar de un oboe roto en los labios de Hércules), al punto una fetidez implacable cubrió toda la graciosa sala de estar donde se reunían el grupo de personas.
Tal fue el volumen del impertinente vendaval que la joven culpable no pudo hacer nada por fingir su inocencia y tuvo que soportar estoicamente las miradas de estupor de los allí presentes. Pero si el sufrido Guzmán llegó a imaginar que más allá del inefable cuesco no habría más penurias, herró en sus cálculos la esperanza pues la tía Marta ante los asfixiantes ataques a sus narices no pudo más que padecer una espeluznante sucesión de arcadas que la obligó a emitir sonidos parecidos a los del muflan en celo mientras un fino hilo de té brotó de sus fosas nasales.
Braulio el preocupado esposo de tía Marta trató de incorporar a su mujer para llevarla lejos del insoportable olor pero las dimensiones paquidérmicas de su amada esposa hacían que tal empresa fuese prácticamente imposible. Así que tanto tiró del brazo de la anciana Marta que no paraba quieta presa de las contracciones provocadas por las arcadas y con tanto esfuerzo que en una bocanada grande de aire que su cuerpo le exigió, Braulio pudo comprobar de manera brutal la abominable fetidez que cercaba la sala y se desmayó con tan mala suerte que fue a caer encima de su cónyuge inmovilizándola.
Eloisa salió corriendo de la habitación con gran llanto y vergüenza y dejó allí al señor Guzmán sentado en su sillón (soportando una peste jamás olida en la edad media) enfrente de un señor inconsciente que aprisionaba sin querer a una señora que parecía que iba a vomitar en cualquier momento. Y en cuanto vomitó sobre su marido “ausente” la tía marta; Guzmán llamó a su mayordomo y salió raudo hacía la estación de tren a comprar un pasaje para Paris.
Comentarios (0) | 3:31 p. m. |
SIEMPRE
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Cada vez que trato de avanzar, sin apenas darme cuenta el camino hacia delante me lleva hacia atrás. Siempre acabo frente a un recuerdo. Es un colosal monolito de piedra negra con un par de inscripciones. Cuando las lees ya sabes lo que ponían hace años, sabes lo que ponen ahora e incluso intuyes lo que pondrán al final de mi tiempo. Sé que debe de existir alguna manera de o bien destruir el monolito o bien hacer que cambien las inscripciones, pero ello debe depender de alguna voluntad inconsciente. Al ser el recuerdo mío supongo que yo mismo puse ahí esas palabras aunque no tengo constancia de haberlo hecho. Recorriendo el camino he visto mucha gente abrazada a estos monolitos, algunos ya muertos. De entre los muertos algunos no eran más que esqueletos descarnados y otros aún emanaban calor de sus cuerpos. De entre los vivos la mayoría recorre con sus dedos las palabras escritas una y otra vez en una especie de martirio voluntario que les hace revivir en un bucle espantoso ese recuerdo.
Como soy incapaz de avanzar; últimamente me he dedicado a leer los monolitos de la gente en este bosque pétreo que se forma en el onírico páramo donde me encuentro. La clave es la palabra “siempre” que se halla impregnada en cada recuerdo que creó un monolito. Esta palabra se forja en el fuego de un sentimiento absolutamente arrebatador y una vez dicha y a la vez sentida no hay forma de escapar de ella. Tan poderosa es la palabra que ninguna persona de las que me rodean se ha percatado de mi existencia o de la de los demás que habitan este espacio oscuro. Yo camino entre ellos y soy consciente de mi entorno. ¿Por qué?
Comentarios (0) | 6:48 p. m. |
En el agua
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Y allí estaba aquel tipo; al final del embarcadero con una soga en sus manos que se hundía en el mar. La luna apenas visible parecía una manchita de cromo que hubiera ensuciado la noche en su más profundo azabache así que la única luz de aquella escena era un viejo candil en pie sobre la madera. El hombre tiraba de la cuerda con notable esfuerzo dejando a su vera una montaña de soga retorcida y húmeda. Parecía infinita la puta cuerda pues el tipo tiraba y tiraba y cada vez sacaba más sin resultado aparente. Daba la sensación de que el hombre estaba unido a algo que estaba muy lejos en las profundidades del mar.
Sus manos estaban destrozadas por la humedad y el trabajo que quien sabe desde cuando realizaba. Pero su determinación era absolutamente férrea e inquebrantable. Antes de irme le grité: -¡Espero que encuentre lo que busca!- y sin dejar de tirar me respondió: -Ya lo encontré pero lo tiré al mar-.
Comentarios (2) | 6:14 p. m. |
Esa gran duda
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos

Ese ósculo tal vez postrero, albo argénteo y divino me dejó el alma presta a la desesperación. ¿Cómo saber si es correspondido este secreto anhelo si mis labios se tornan roca cuando esta vestal prende el sagrado fuego de mi altar? ¿Y como saber si lo prende en la inconsciente esencia de su genero o busca desde su alma cristalina el fuego de mi pecho?
Aún en la duda siento sus labios llenos de un candor sereno que bien podría ser pasión contenida; aunque tal vez mis esperanzas se abriguen en ilusiones ficticias; pues es común entre los españoles saludar a las damas besando sus mejillas o ellas besando las nuestras. Encomendaré a los hados la revelación de este misterio y también el modo en que a mi venga la verdad. Cuadro de Caspar David Friedrich (1774-1840)
Comentarios (0) | 10:07 a. m. |
Desde la ventana
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
El estrépito rojo del sol cuando se oculta vino a teñir la mar toda. Las olas rojas como fuego liquido mecían lo que nunca debió estar flotando en el agua. Si acaso el viento trajo su olor de forma tímida en escasas oleadas; nadie se dio cuenta de lo que a veces emergía de entre la espuma blanca. Pero yo si lo veía y me percataba de los efluvios que aquello emanaba. Tuve incomprensiblemente la esperanza de que el océano en un último y brutal abrazo se llevará aquella imposibilidad a las profundidades más remotas de su reino y aunque me figuro que esto trató: aquello permaneció bailando en la orilla hasta que la luna cambió el bermejo brillante por el azul plata. A la mañana siguiente no hubo mañana siguiente.
Comentarios (0) | 12:37 p. m. |
MI DIARIO
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Querido diario:
Todo me suda la polla.
Comentarios (4) | 11:43 a. m. |
Cuento
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Salió de palacio a lomos de un corcel negro llamado Brisa; sin duda alguna el animal más hermoso que jamás hubiera existido. Y esta montura era la única digna de Fátima, princesa del desierto y mujer divina para algunos y algunas. Era tan hermosa que mirarla sin sentir desmayo era imposible. Cabalgaba hacía las dunas de media noche; llamadas así por ser un lugar perfecto para la observación del firmamento. Quería llorar bajo la luna para que sus lagrimas brillaran tan fuertes como las estrellas ya que su llanto era de felicidad. Al día siguiente iba a casarse con Hassan su amado príncipe. Brisa cabalgaba veloz por la arena espoleado por Fátima que con femenina firmeza se aferraba a las crines del caballo. Su larga melena negra fluctuaba en el aire como un mar azabache lleno de brillos cromados y en sus grandes ojos verdes podían verse todos los colores del desierto nocturno. Pero hete aquí que el equino se rompió una pata contra una roca y la princesa cayó a la arena con la suerte en contra. Fue caer sobre un escorpión que le inyecto su veneno causándole la muerte.
Esa misma noche al ver que Fátima se demoraba Hassan partió en su busca con el corazón lleno de preocupación; y fue a encontrarla muerta con el rostro hacía la luna y el cuerpo encogido. Sintió mil dagas contra su pecho y alzó un gritó al cielo tal que aún su voz desgarrada fue escuchada más allá del estrecho y dicen que en Tarifa las gentes salieron a llorar a los balcones inundados de una tristeza infinita.
Se dolía el príncipe desconsolado cuando una oscura figura surgió de entre las dunas y dijo –“Basta”- y de súbito hassan ya no sintió nada. Todo el dolor por su amor perdido se había esfumado como la niebla de la mañana. La figura habló y esto dijo: “Te he robado tu dolor Hassan en venganza por las humillaciones a las que me has sometido y ahora deberás vivir sin sentir nada por la más hermosa de las princesas que una reina ha parido”. Dicho esto desapareció.
Hassan se retiró de la vida publica y habitó en los montes Atlas tratando de recuperar la pena robada. El malvado mago Abdel al que había expulsado del reino por traidor nunca más volvió a aparecer dejándolo maldito. Pasaron los años y el príncipe no era capaz de sentir nada y pensaba ya que moriría con el pecho helado. Pero una tarde de verano cuando el sol era teñido de rojo por el transcurrir de las horas Hassan reparó en una flor de pétalos verdes que le recordaron los ojos de Fátima. La arrancó delicadamente y acercó su nariz y notó un aroma intenso, delicioso, divino. Olía exactamente como la piel de su amada. Y cuanto más la apretaba contra si más fuerte era la fragancia y más verdes sus pétalos y más fuerte el latir de su corazón. Y llegó a un punto que comenzó a sentir una pena extraordinaria, un dolor agudo y punzante en el corazón y un torrente de recuerdos. Se puso en pie y miró al cielo con la tristeza más brutal que un hombre sintiera en la historia de la humanidad y de sus labios brotaron sin timidez todas las letras de aquel nombre divino; Fátima. Y volvieron a brotar con más fuerza y otra vez y más alto y por ultimo gritó; Fátima, con el ímpetu de un león y cayó fulminado al suelo. Si preguntas a los nativos de aquellos montes te dirán que algunas noches si prestas atención junto con el viento oirás un grito que dice: Fátima.
Comentarios (3) | 11:37 a. m. |
Pedrito Tortosa
Escrito por Anónimo | Categoría: Mini relatos
Pedrito Tortosa era un cabrón. Posiblemente uno de los niños más hijo de puta que jamás he llegado a conocer. Y me di cuenta cuando descubrí uno de sus pasatiempos preferidos; que por bizarro, escatológico y perverso turbó mi espíritu de manera indescriptible. Os relato a continuación el terrible suceso que me llevo a juzgar al tal Pedrito en los términos antes expresados.
Hallábame yo descansando en mi mecedora favorita en el salón principal de nuestra finca asturiana. Estaba placidamente sumido en mis pensamientos en una semi tiniebla provocada por una ventana a la cual yo había cerrado la persiana, para evitar que entrara el calor de aquella tarde de verano. En esto que veo entrar a Pedrito con un mefistofélico rictus que a Atila mismo hubiera espantado, mirando fijamente al gigantesco sofá verde que tengo a bien colocar en medio del salón frente a la chimenea. Allí se tumbó el diablillo (por no llamarlo cabrón otra vez) y se puso, al parecer, a echar una siesta. No reparó en mi presencia por que como digo; yo reposaba en una parte del salón que estaba bastante oscura, mientras que él ocupó la parte más luminosa debido la luz que entraba por otras dos ventanas que estaban abiertas y con sus respectivas persianas subidas.
No le di demasiada importancia ya que pensé que el maldito bastardo se quedaría inmóvil y silencioso en los brazos de Morfeo. Evidentemente no fui capaz de sospechar las intenciones del muchacho. Al cabo de cinco o seis minutos escucho como alguien baja las escaleras que conducen a los dormitorios y veo que el rapaz levanta su cabezón dando claras muestras de que el también los había escuchado. Repentinamente dejó caer a plomo el yunque que tiene por cabeza y fingió unos pequeños ronquidos. Yo no entendía por que de manera tan súbita se había hecho el dormido pero sabía que no había bien alguno en aquella acción. El caso es que entra en el salón mi madre (que es a su vez la abuela de la infecta criatura que finge dormir en mi sofá) y ve como el pequeño Pedrito, de cubito prono, con expresión angelical duerme tranquilamente. Como buena abuela, conmovida por tan tierna visión se acerca al niño para procurarle unas caricias.
Al tercer o cuarto cariño; va el Pedrito y se manda un cuesco tal, que le tuvieron que vibrar las nalgas durante diez minutos. Mi madre pegó un respingo y se apartó unos metros del chaval con aires de indignación. En un primer momento pensé que le soltaría un bofetón de espanto pero debió de juzgar que el niño presa del sueño no se había tirado el pedo a propósito. Sin embargo cuando aquella rata humana que tengo por sobrino calculó que la abuela estaba lejos estalló en carcajadas demoníacas. Que niño tan cabrón.
Comentarios (2) | 7:15 p. m. |